Sahuayo, Michoacán, México. Jorge Martínez
Recordemos lo que le ocurrió a un agente de ventas de medicina que llegó a esta ciudad un 24 de julio para disponerse a visitar farmacias al próximo día, 25.
El hombre dejó su vehículo en el estacionamiento del hotel y se retiró a su cuarto para esperar el nuevo día y trabajar intensamente ya que una gran aflicción lo aquejaba y necesitaba dinero con urgencia.
Llegó el día 25, fiesta de nuestro santo patrón Santiago Apóstol (a quien veneramos, no adoramos).
El hombre se levantó, se arregló, tomó su desayuno y agarrando su maletín con muestras médicas se dispuso a visitar las farmacias. Mas, se sorprendió que siendo jueves, no había ninguna abierta, y al regresar al hotel escuchó la gran bulla de la gente que se aglomeraba en la calle.
– “Ya viene… ya viene”… decían, casi a gritos.
El hombre se acercó a un sahuayense y le preguntó que quién era el personaje que venía.
-¿Por qué tanta gente en las calles, amigo? ¿Quién es el que viene?
-Es la imagen del Patrón Santiago, hoy es el día en que lo veneramos con mucho entusiasmo y alegría.
Y nuestro personaje, resignado a esperar el nuevo día para trabajar, se fue a su hotel, dejó su maletín, se puso una ropa ligera, y salió a la calle.
-Total, se dijo, hoy no puedo visitar farmacias, y como nada tengo que hacer en mi cuarto, voy a ver de qué se trata el bullicio y entusiasmo de la gente que se aglomera como esperando a un gran personaje.
Y llegó a la calle en donde había más aglomeración,en donde todos esperaban con ansias y entusiastas gritos de alegría a alguien seguramente muy importante.
-Oiga, amigo –preguntó-, ¿a quién esperan? ¿Por qué tanta alharaca de la gente?
-¡Es que ya viene el Patrón Santiago…. Mire, ya se acercan los tlahualiles, se escucha el característico ruido que hacen los carrutos de su vestimenta.
-Bueno, aquí me quedo, voy a ver al personaje tan esperado y al parecer tan querido por todos.
Y poco a poco fueron pasando ante él los numerosos grupos de tlahualiles, y al final venía una Imagen de un personaje montado en un caballo blanco; llevaba una bandera y en la cabeza una especie de coraza, como las que usaban los antiguos guerreros europeos.
Al ver el entusiasmo de los que iban por delante y atrás del jinete, se dijo:
-Lo seguiré para enterarme quién es el hombre tan felicitado y que causa tanto entusiasmo.
Y el agente se fue pegado a las cuerdas con las que rodeaban la santa imagen, y escuchando lo que decía la gente: que les ayudaba en sus problemas con sus influencias ante el Señor del Cielo y de la tierra; recordó la gran aflicción que no lo dejaba en paz, y se fue detrás del Patrón rogándole al Patrón Santiago que lo ayudara en su aflicción.
-¡Santo Patrón de esta ciudad y de muchas del país, Santiago Apóstol, te pido tu intercesión para que sane mi hijo; mira, está muy enfermo de cáncer… los médicos ya lo desahuciaron y solo esperamos su muerte… sufre mucho, pobrecito… si nos das tu protección, voy a la ciudad de México en donde tengo a mi familia y te visitaremos en tu templo, llevando un hermoso ramo de flores como nuestra de nuestro agradecimiento.
Total, el hombre hizo el largo recorrido y no dejó un instante de pedirle la ayuda a Santiago Apóstol para que su hijo recuperara la salud.
Después de muchas horas, muy entrada la noche, y a pesar de la intensa lluvia con sus rayos chicoteando en el cerro de Cristo Rey, llegó la imagen santa a su santuario, de donde el hombre se retiró a su hotel después de haber rezado con inmensa fe, manifestada en sus ojos lacrimosos.
Llegó a su cuarto y disponiéndose a dormir, lo llamaron por teléfono de la administración:
-Disculpe, señor, pero tiene una llamada urgente de la ciudad de México; que se reporte lo antes posible.
-Bueno, sí, ¿Juanita, mi querida esposa, que pasó?, ¿por qué esta llamada tan a deshora e inoportuna?
-¡Viejo, es muy urgente que te vengas de inmediato para que te cerciores personalmente de una gran maravilla que nos ha ocurrido!
-¡Dime, mujer, no me cuelgues sin contarme lo que pasó!
-¡Nuestro hijo, esposo mío… se ha curado… anda muy alegre!
-¿Por fin le hizo efecto alguna medicina?
-No, no fue ningún medicamento… cuenta que hace unas horas, estando acostado sin poder dormir a causa de los intensos dolores en todo el cuerpo, un hombre extraño se paró junto a él y que le dijo que si quería sanar.
Que cuando le dio a saber que es lo que más ansiaba, el hombre expresó que en nombre del Señor Jesús recuperara la salud, y que despareció.
¡Qué alegría, mujer… salgo inmediatamente rumbo a la capital para enterarme personalmente de lo que me dices.
Y el hombre arregló sus cosas y salió, se puso frente al volante de su automóvil y a toda marcha se encaminó a la autopista rumbo a la ciudad de México.
-¿Qué pasó, mujer, por qué tanta alegría?
-¡Por nuestro hijito, querido, que está curado!
-y…. ¿cómo ocurrió tal maravilla?
-Tal vez no vas a creerlo, pero, a deshora de la noche, levantándose de su cama corrió a la mía y me dijo que un hombre se había aparecido junto a él y que lo había curado, en nombre del Señor Jesús.
-¿A qué horas sucedió tal milagro?
-Tal vez serían las dos o las tres de la madrugada de ayer, 25 de julio.
-Oh, mujer, a tales horas estaba yo pidiendo por su salud al santo Patrón Santiago que se venera con gran fe en Sahuayo, en el estado de Michoacán.
-Pues vamos de inmediato a darle la gracias.
-Pero es muy noche, mujer…
-No importa, queremos agradecerle personalmente este gran favor… mira a nuestro hijito, está muy contento y desea ir a ver la imagen para comprobar si se parece al hombre que lo curó.
Se subieron al auto y tomaron la autopista en donde, a la altura de La Barca, le dieron por la autopista rumbo a esta ciudad de Sahuayo.
No rentaron ningún cuarto de hotel pues les urgía ir a conocer la imagen…
El niño, de unos 12 años, estaba muy feliz y no deseaba más que ir al santuario.
Estacionaron el auto, se bajaron con premura y se metieron al Santuario…
El jovencito se fue directamente al presbiterio y se quedó mirando la santa imagen de Santiago Apóstol, y se regresó, muy alegre y con gran voz les dijo a sus papás:
-¡Ese es el que me curó… lo reconozco… es el que se apareció junto a mi cama, diciendo que el Señor Jesús quería que me curara y que fuera muy feliz.
Lector, sale sobrando informarte sobre el entusiasmo de los esposos, la felicidad del niño, sanado por la valiosa intercesión del Patrón Santiago, como le decimos en Sahuayo, que es el mismo que nos presentan los santos evangelios como uno de los doce Apóstoles de Cristo, cuanto vino a la tierra trayéndonos el consuelo de una vida eterna, y la alegría de ser hijos de Dios, su Padre y nuestro Padre, su Dios y nuestro Dios
