En Sahuayo, un niño con cara de tristeza expresó: señor, ¿me da una moneda para comprar pan

5 de noviembre 2021

Sahuayo, Michoacán, México. Jorge Martínez

Señor, ¿me da una moneda para comprar pan?

Acababa yo de salir de una enfadosa conferencia de prensa de un político más mentiroso que el mismísimo demonio, porque el chamuco debe de ser tan embustero como un político, o al revés.

Y como urgía la nota para el periódico donde yo trabajaba, me metí a un selecto restaurante de Sahuayo; elegí una mesa retirada del bullicio y sacando mi computadora portátil me puse a escribir antes de ordenarle algo al mesero.

Me concentré para no publicar tantas burradas como las que había escuchado hacía un rato, cuando sentí en la espalda una suave palmada e hice a un lado la computadora para saber quién me interrumpía.

Era un niño pordiosero.

-Señor, ¿me da para comprar pan?

-No tengo <mentí, para que me dejara en paz>.

-¿Entonces por qué entró a este lugar? Cobran mucho, son careros.

-Está bien, está bien, pediré que te traigan el pan, pero déjame trabajar.

-Dígales que le pongan jamón y mantequilla.

-Sí, jovencito, pero permíteme seguir con mi trabajo.

Llegó el mesero, tomó mi orden y preguntó que si quería yo que echara a la calle al pequeño.

-No, déjelo y tráigale lo que quiere. Ah, y un plato de birria, si me hace favor.

Mientras lo atendían, el pequeño se sentó frente a mí y me interrogó con interés:

-¿Qué está haciendo?

-Escribiendo e-mails.

-¿Y qué son los e-mails?

-Mensajes electrónicos enviados por Internet.

Pensé que no había entendido y para evitar preguntas adicionales le expliqué:

-Son como cartas pero que se envían electrónicamente en vez de echarlas al buzón del correo.

-¿Usted tiene Internet?

-Sí; ahora es algo esencial en el mundo.

-¿Y qué es Internet?

-Un lugar en la computadora en donde podemos ver y oír muchas cosas; por ejemplo, noticias, música, conocer gente, escribir, aprender. Tiene de todo, pero es un mundo virtual.

-¿Y qué es virtual?

Decidí darle una explicación simple, con la certeza de que poco iba a entender, lo que me permitiría trabajar para luego comer con tranquilidad.

-Virtual, es un lugar que imaginamos, algo que no podemos tocar. Un lugar en donde metemos nuestros sueños y fantasías transformando al mundo como nos da la gana.

-!Qué bueno! !Me gusta!

-Entonces, ¿has comprendido lo que es virtual?

-Sí, señor, porque también yo vivo en ese mundo.

-¿Tienes computadora?

-No, pero también mi mundo es de sueños. Todo el día se va mi madre a la calle; regresa muy tarde y casi no la veo. Muchas horas me paso cuidando a mi hermano pequeño que llora porque tiene hambre y yo le doy agua tibia para que piense que es sopa.

Mi hermana mayor recorre las calles; dice que para vender su cuerpo, pero no entiendo porque regresa muy noche, con dinero, oliendo feo y sin haber logrado que le compraran ni una mano, ni siquiera un dedo.

Mi papá está en la cárcel desde hace tiempo. Siempre sueño que toda mi familia está en casa, que hay comida y juguetes; que voy a la escuela para llegar a ser Médico. Esto es virtual, ¿verdad, señor?

Cerré mi laptop, antes de que una gota de mis ojos cayera sobre el teclado.

Esperé que el niño terminara de “devorar” su birria; pagué la cuenta y le di el cambio al pequeño que me envió una de las más bellas sonrisas que jamás yo había recibido en mi vida. Y además, un “gracias, señor; es usted un maestro”.

Allí, en aquel restaurante tuve la mayor prueba del virtualismo insensato en que vivimos nuestra cruel realidad, que a toda costa tratamos de ignorar.

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