Es tarde en Sahuayo, tal vez las dieciocho horas; un manto achocolatado cubre el firmamento; la calle Héctor Orozco está muy oscura

Es tarde, tal vez las dieciocho horas; un manto achocolatado cubre el firmamento; la calle Héctor Orozco ( antes:Heroico Colegio Militar) que termina en el oriente del mercado Morelos, está espantosamente oscura, además, el silencio es escalofriante pues ni un rumor, ni una plática de comadres se escucha, ya que desde muy temprano el viento barrió a los seres humanos metiéndolos a sus casas, pues entrando la noche resuenan unos vigorosos y acelerados pasos que suben desde la esquina de Miguel Amezcua, hasta la Aldama.Con lluvia y sin lluvia, con viento y sin viento, noche a noche es lo mismo: nadie se atreve ni a asomar las narices, y si alguien sale a fisgonear y a enterarse quién es el que camina con pasos tan enérgicos, al no ver a nadie, horrorizado precipitadamente se mete a su casa.

Con el paso del tiempo se supo que principiando el siglo veinte, en tal esquina había un establo en donde se almacenaba un arsenal pirotécnico y que en una fiesta en honor al Patrón Santiago, en la algarabía general, que incluía la quema de ristras de cohetes y cohetones, al caerle una chispa al manojo almacenado, estallaron todos con gran estrépito, causándole la muerte al desdichado que los cuidaba.

Para fortuna de llos vecinos del lugar, las horrorosas pisadas desaparecieron cuando en la esquina que hemos mencionado se puso un altar con una imagen del Patrón (Santiago Apóstol) para que los que pasaran por allí elevaran una oración por el eterno descanso de aquella alma en pena, y desde entonces “anda y vete” de las pisadas misteriosas.

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