14 de noviembre 2021
Sahuayo, Michoacán, México. Jorge Martínez
Bien a bien, no sabemos qué suceda en la actualidad, pero a mediados del siglo pasado, la discriminación social en Sahuayo tenía proporciones que ahora se nos harían intolerables.
Esa discriminación se daba, tal vez, por el color de la piel, ya que los señores de dinero provenían de razas arias europeas asentadas principalmente en Cotija, Michoacán.
Decíamos de la plaza.
Bien; todavía en los años sesentas del pasado siglo era muy evidente tal discriminación:
los domingos por la tarde-noche en la plaza principal Miguel Hidalgo, al son de la música en el kiosco, los jóvenes daban vueltas y más vueltas buscando novio-a. (los hombres iban en sentido contrario a las muchachas).
Los y las de familias acomodadas económicamente lo hacían en torno al kiosco, sin permitir que los y las de la clase media se mesclaran entre ellos.
Y las señoritas que trabajaban en casas de gente adinerada se bajaban a la calle, porque no tenían cabida en ninguna fila de la plaza.
Por eso decimos que si en aquellos tiempos la plaza hubiera tenido tan espectaculares banquetas, los y las jóvenes humildes hubieran disfrutado más y sin peligro al lucir sus prendas domingueras buscando novio/a.
Muy típicas esas costumbres:
Si a un joven la gustaba una dama, le arrojaba una serpentina o le entregaba una rosa; y si ella se mostraba complacida, era inequívoca señal del nacimiento de un romance, que seguía después en la casa de la joven, en donde platicaban en la puerta, uno en cada lado, siempre vigilados por los papás o hermanos, a quienes, si no les gustaba el partido que la muchacha había elegido, lo corrían de muy mala manera.
¡Tales eran esos tiempos, señor don Simón, diría don Ernesto Amezcua Arceo, qepd!
